Luego del empate a cero entre Perú y Colombia, la Vinotinto iba a jugársela contra Brasil en un partido que de antemano se veía duro, aunque el empate les valía a ambos. Una canarinha irregular, pero que puede resolver el juego en un par de contraataques. La ausencia de Neymar no era una señal de debilidad para un conjunto que está acostumbrado a hacer del fútbol su religión.

Los nuestros debían ceñirse al libreto de Noel Sanvicente y justificar su pase a cuartos de final. Ante la ausencia de Amorebieta, Cichero se encargaría de cubrir la vacante para frenar los ataques de la verdeamarela.

En el minuto 5, luego de una falta a Tomás Rincón, Cichero cabeceó lejos de la portería de Jefferson.

Era necesario recordar que Brasil estaría arriba, buscando no solo el pase, sino lavarse la cara luego de dos salidas que poco hablaron de fútbol. Y la víctima sería Venezuela.

Un córner cobrado por Robinho sería aprovechado por Thiago Silva y ya en el minuto 9, la canarinha tomaba el control del partido. Craso error del central Túñez, mientras Silva le dedicaba el gol a Neymar.

En un primer momento, el gol no pareció ser un aliciente para la Brasil, en pos de intentar ganar el partido con una mayor comodidad. Cedieron espacios y permitieron que la Vinotinto llegara con peligro.

A diferencia de los encuentros con Colombia y Perú, Venezuela no mantuvo el orden y no se vio segura en la medular, perdiendo balones importantes y dejando que Brasil manejara la mayor parte del partido.

Neymar, suspendido por cuatro partidos, siguió el duelo desde la grada del Monumental y pudo ver cómo Robinho y Philippe Coutinho lo reemplazaron con solvencia.

Los cambios de juego en diagonal también sorprendieron a la línea de cuatro de la Vinotinto, así como las jugadas a pelota parada, fuente constante de peligro por el juego aéreo.

Hasta el minuto 28 con un lanzamiento lejano de Ronald Vargas no se acercó al arco rival Venezuela, que tenía muchas dificultades para llegar al área de Jefferson, siempre bien resguardado por camisetas amarillas.

Chita, había asegurado en la previa que quería asustar a Brasil cuando atacaran, pero no lo logró en los primeros 45 minutos. De hecho, la banca criolla comenzó a moverse en el 32.

Con la derrota estaba fuera de la Copa América Chile 2015, por lo que los gladiadores estaban obligados a cambiar cosas en el segundo tiempo ante un Brasil ordenado con un Coutinho y un Robinho en ataque, cubriendo al «malcriado» Neymar.

Sanvicente sustituyó a los dos hombres que tenían tarjeta amarilla para evitar quedarse de nuevo con uno menos como ante Perú, pero el choque no cambió. En el 48 Thiago Silva volvió a rematar de cabeza un córner y Baroja salvó abajo.

Willian desbordó por la izquierda en el 51 y su centro fue directo al pie derecho de Roberto Firmino, que empujó la pelota a la red para poner un 2-0 tranqulizador. Túñez llegó tarde a la marca de nuevo.

Venezuela ya estaba obligada a jugar a la desesperada. Juan Arango obligó a intervenir al arquero Jefferson con un libre directo, mientras Brasil, con espacios, era peligroso al contragolpe.

César González tuvo una ocasión en el 71, pero Brasil, ya con David Luiz como refuerzo en el centro del campo, controló la pelota y el ritmo. Sanvicente se jugó la última barajita, sacó a Guerra y metió a Fedor al 72. La carne puesta en el asador.

15 minutos de furia

En el 84 renació la esperanza de Venezuela: Miku recortó diferencias al aprovechar un rechazo de Jefferson tras una falta cobrada por Juan Arango. Un gol más clasificaba a Venezuela y expulsaba a Colombia. «¡Sí, se puede!», gritaba la numerosa hinchada venezolana, que renació por algunos minutos en el Monumental.

Aún hubo una ocasión con un centro desde la izquierda lanzada por Martínez y que Miku no pudo rematar, así murió el partido y la esperanza venezolana.

Brasil estuvo por quince minutos en su área, dando balonazos al infinito, tratando de apagar el incendio que se habían dispuesto a generar premeditadamente los criollos. 30 millones de venezolanos que se olvidaron de sus padres por un cuarto de hora y papás que se olvidaron del regalo.

Esa era la selección nacional que queríamos ver los 75 minutos anteriores, aguerrida y combativa. Venezuela nos hizo soñar por 270 minutos, un torneo corto que sirvió para probar qué tanto ha crecido esta selección. Es un ciclo difícil, porque los resultados no llegarán de inmediato y los jugadores criollos deberán demostrar que merecen estar allí.

Si me preguntan, diría que a pesar de las derrotas, Alain Baroja se mostró seguro, rápido, dándole a la portería Vinotinto un referente de clase y oficio. Ahora vendrán cambios y pruebas, las eliminatorias al Mundial del 2018 (¿Rusia?) se perfilan con más optimismo que en tiempos pasados.

Kir-Her Yánez León

Fotografía REUTERS/David Mercado