El Sumario – Como cada Miércoles Santo, la capital venezolana se tiñe de violeta para rendir honores al Nazareno de San Pablo. Miles de devotos se congregan en la Basílica de Santa Teresa y sus alrededores, protagonizando una de las manifestaciones de fe católica más profundas y antiguas del país, que trasciende lo religioso para convertirse en un símbolo de identidad nacional.
Claves de la jornada
La marea morada: Miles de fieles visten túnicas de color morado, imitando el ropaje de Cristo camino al Calvario. Esta tradición es el distintivo visual más potente de la jornada, representando la penitencia y la devoción.
El pago de promesas: La procesión está marcada por los «pagadores de promesas». Muchos caminan descalzos, cargan cruces de madera o recorren trayectos de rodillas en agradecimiento por favores recibidos, principalmente relacionados con la salud y la superación de crisis personales.
Símbolo de resiliencia: Para el venezolano, el Nazareno representa la esperanza en medio de las dificultades. La devoción se remonta al año 1597, cuando se le atribuyó el milagro de haber detenido la epidemia de la «peste del vómito negro» tras rozar un limonero durante una procesión.
Logística y despliegue: Desde la madrugada se realizan misas continuas, siendo la misa central presidida por las autoridades eclesiásticas en la Plaza Diego Ibarra para albergar a la multitud antes de que la imagen inicie su recorrido por el centro de la ciudad.
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Con información de medios nacionales
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