El puertorriqueño recibió una enorme ovación del Dodger Stadium y, además, invitó a que salieran al campo dos leyendas del béisbol como los dominicanos Vladimir Guerrero y David Ortiz
La novena norteamericana logró un juego perfecto donde mantuvo el control desde la lomita y el derroche de poder con el madero para acabar el sueño de Puerto Rico