
El Sumario – María Félix Herrera narra su historia sin prisa y reconstruye paso a paso el camino que la trajo de Venezuela a Colombia en 2018, una travesía marcada por la crisis, una enfermedad y la creación de Sabores Corepan, un emprendimiento gastronómico que hoy es una red de apoyo para mujeres.
Colombia es el principal destino migratorio venezolano en el mundo, con unos 2,8 millones de personas. En total, más de 7,7 millones de venezolanos abandonaron su país en la última década por la crisis.
«Decidí migrar por la situación política, por la inseguridad, por la salud y porque allí ya no había oportunidades», dice Herrera, recordando un apagón nacional de cinco días como el detonante para partir.
Antes de migrar, trabajó 11 años como docente y se graduó como fisioterapeuta, pero le diagnosticaron una enfermedad autoinmune que puso de manifiesto las limitaciones del sistema de salud en su país.
«No conseguía la medicina y para recibirla tenía que tener un carnet del gobierno y estar adscrita al partido», explica Herrera, quien recuerda con dolor cuando ella y su padre debatían quién debía tomar el medicamento.
Cuando llegó a Bogotá consiguió trabajo como personal de aseo con jornadas de 12 horas. «Como migrante estás en el último escalafón social; así seas profesional, te pagan incluso por debajo del mínimo», sostiene.
La venezolana pasó por distintos trabajos informales hasta que logró una breve estabilidad, interrumpida en 2020 por la pandemia, lo que la llevó a aceptar turnos laborales que podían extenderse hasta las 24 horas.
La cocina como camino para emprender
La nostalgia por los sabores de su país y un empeoramiento de su enfermedad la llevaron a crear Sabores Corepan, el emprendimiento que hoy sostiene a su familia, tras superar una etapa de depresión.
Según la OIM, el emprendimiento es una vía clave de integración socioeconómica de la población migrante, en especial para mujeres, generando empleo directo e indirecto y fomentando la innovación en América Latina.
«Compré unos moldes, hice mis primeras tortas y las comencé a vender», menciona Herrera, quien admite con una sonrisa que aprendió a hacer repostería a través de tutoriales en YouTube.
Destaca que el acompañamiento de organizaciones como OIM o ADN Dignidad fue clave para formarse en modelos de negocio y abrir su primer local para mujeres en el barrio bogotano de Las Ferias.
Impacto en otras mujeres
Uno de los logros de Herrera es cómo su negocio se convirtió en un apoyo para otras mujeres, muchas de ellas madres cabeza de hogar de bajos recursos, a quienes ayuda con financiamiento.
Al descubrir que había tantas mujeres en su misma situación, comenzó a ofrecerles que revendieran sus productos, entregándoselos a un precio económico para que ellas pudieran generar sus propios ingresos.
Cuando pensó en abandonar por cansancio, las madres le rogaron que no lo hiciera. «Este negocio ya no es solo mío. Ya hay mucha gente que depende de mí», comprendió Herrera en ese momento.
«Ha sido una manera de demostrar que los migrantes también podemos generar economía. Y esa ha sido mi manera», subrayó la emprendedora entusiasmada por ser un referente que inspira.
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Con información de EFE Servicios y redes sociales
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