La televisión vuelve a estar en el centro de la innovación tecnológica unos 80 años después de las primeras emisiones en el mundo. Se espera que los televisores Ultra HD (UHD) y curvados den nuevo impulso al sector, aunque muchos consumidores siguen preguntándose si vale la pena invertir en una resolución tan alta cuando las películas no están a la altura. O si basta por tanto con una Full HD.

“Quien quiera un aparato grande en una habitación pequeña, debería comprar UHD”, recomienda Peter Knaak, del grupo alemán de defensa del consumidor “Stiftung Warentest”. El motivo es que “a una distancia corta una persona con buena vista o que lleve gafas ve la estructura pixelada de una pantalla HD, pero no la más delicada de un televisor UHD”, cuya estructura de 3.840 x 2.160 píxeles multiplica considerablemente la resolución de una TV Full HD y por eso es mejor para espacios pequeños.

La resolución UHD sólo se percibe a una distancia muy corta, pero, como ocurre en la primera fila de algunos cines, el espectador tiene que girar la cabeza para ver lo que pasa fuera del centro de la pantalla. En una de 65 pulgadas, con una diagonal de 165 centímetros, la altísima resolución sólo se aprecia hasta una distancia de 1,25 metros. Pero el espectador sólo tiene una visión completa de la TV a dos metros de distancia, a los que la UHD ya no se percibe.

Florian Friedrich, de una revista especializada en cine en casa, opina en cambio que hay que apostar por la nueva tecnología. “Ya estamos en la segunda y tercera generación de UHD. Los fabricantes producen muchos nuevos desarrollos en esa dirección”, explica.

Por eso es cada vez menos habitual que con los televisores Full HD se consiga la mejor relación calidad-precio. En cambio, incluso los primeros modelos UHD son muy buenos aparatos. La potencia de estos televisores se puede comprobar con fotos de la cámara digital, que suelen ofrecer mucho más que el máximo de dos megapíxeles que muestra una TV Full HD, argumenta.

Knaak recomienda fijarse en que el televisor tenga conexión HDMI 2.0 y tecnología de compresión HEVC (H.265), que no estaba en los primeros prototipos que salieron a la venta y que aún siguen en circulación.

Respecto de las pantallas curvadas, Florian Friedrich cree que hasta cierto punto son cuestión de gustos. “Con las televisiones curvadas tiene que haber una relación entre el radio de la curva y la distancia a la que está el espectador”, señala. Las pantallas de este tipo tienen que tener al menos 65 pulgadas “para que las distorsiones geométricas no produzcan un efecto extraño y la experiencia sea envolvente”.

AG

Con información de dpa.

Fotografía Andrea Warnecke / dpa-tmn.